Reseña: Irvine Welsh – Trainspotting

Corría el año 1993. La felicidad se instalaba en todo el mundo poco a poco: Ricky Martin sacaba su primer disco al mercado, se firmaban los acuerdos SALT II para reducir el armamento nuclear entre EEUU y Rusia, se puso fin al Apartheid, se asesinó a Pablo Escobar y entró en vigor el acuerdo de Maastrich. Pero no era todo felicidad hace casi veinticinco años en Escocia, donde Irvine Welsh parió la novela que le valdría el salto a la fama, reconocimiento mundial y una película. ¿Cuál va a ser, sino Trainspotting?

¿Y qué os voy a decir a estas alturas que no sepáis ya de este libro? Esta es una de esas reseñas en las que me pongo ante vosotros y digo: ¿sabíais que, a pesar del éxito de la(s) película(s), hay un(os) libro(s) detrás? Y es que, si la primera película responde al libro homónimo, la segunda tiene trazos de una novela que se llama Porno, y que reseñaremos en el futuro. Además, hay una precuela llamada Skagboys.

La trama es conocida por todos: un grupo de chavales heroinómanos residentes en Edimburgo que van de fiesta y se meten en líos. Sin embargo, la historia es más profunda que todo eso. Habla de la decepción de una generación que no sabe a qué atenerse, de unos chavales que se encuentran en la ciudad con más paro de Reino Unido sin más prosperidad que la de trabajos basura que les permita comprar aquello que les evade de la mierda que les rodea. Al más puro estilo de la Generación beat y sin olvidar a clásicos internacionales como Ryu Murakami o Boris Vian, Irvine Welsh construye un paisaje desolador para un grupo de chavales que, si bien no son los más inteligentes del mundo, se ven obligados a afrontar a su manera la muerte de un amigo o de un bebé.

La mayor parte de la novela son escenas inconexas contadas desde puntos de vista muy dispersos, lo que en ocasiones dificulta el seguimiento de la novela. Personalmente, me gustan los capítulos contados desde la perspectiva de Begbie. Pese a ser un personaje despreciable, me gusta el sarcasmo y la mala baba que se gasta con sus “amigos”, a los que manipula como le da la gana.

Pero más allá de esto, destacaría dos momentos en la novela que para mí destacan sobre el resto, aunque solo uno salga en la película. Ese es el del momento de desintoxicación de Mark Renton, en el que sufre de alucinaciones. Me parece una auténtica experiencia que podría funcionar como relato individual, ya que el tono cambia por completo y es muy potente. Esas alucinaciones están descritas de una manera que me llamó mucho la atención, y por ello os recomiendo echarle un ojo.

El autor, Irvine Welsh

El otro gran momento es un capítulo de un personaje que no aparece en la película y que no tiene relevancia para la trama, ya que solo aparece en este momento, de cara al final de la novela. Nuestro protagonista nos cuenta que salía con una chica que fue violada y cuyo agresor le pasó el sida, y en relaciones posteriores, ella se lo pasó al prota del capítulo. Las siguientes páginas son un plan retorcido para devolverle al violador (que para más inri está en fase terminal) la agonía que él le hizo pasar al protagonista de manera indirecta, con un menor de por medio. No os podéis imaginar la ida de olla que se cuece por aquí, así que os animo a que lo leáis.

El resto de la novela es interesante, pero sin más. No me aporta más de lo que puedo obtener leyendo a Palahniuk o a Bukowski. Sin embargo, tiene un estilo propio que lo hace único y que hace que pidas más. El final me parece abrupto y poco desarrollado, mientras que se detiene en otros momentos que no tenían demasiado peso en la trama.

En definitiva, estamos ante una novela que, si bien es mejor que su adaptación al cine, no tiene mucho más que ofrecer que no tenga la película salvo dos momentos gloriosos pero que, para mí, no salva el conjunto de la novela. Recomendable para los fans de la literatura sucia.

3 comentarios en “Reseña: Irvine Welsh – Trainspotting

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