Reseña publicada: Javier Yuste – El Imperio del Sol Naciente: La aventura comercial. Tres siglos de exploración y comercio de Occidente con Cipango.

¡Feliz inicio de semana, amigos! A pesar de que vuelvo de unas mini vacaciones, estoy muy contento de volver a la rutina, y volver a acercaros una reseña, como cada lunes. En esta ocasión, no he podido preparar ninguna, pero como ya os dije, tengo un banco abultado de reseñas de las que tirar. Esta semana os traigo una que fue publicada en diciembre de 2016 en el cuarto número de la Revista Historia para Todos, de nuestro amigo Agustín Haro (cuya entrevista podéis leer aquí).

En aquel momento me animé por El Imperio del Sol Naciente: La aventura comercial. Tres siglos de exploración y comercio de Occidente con Cipango, de Javier Yuste, porque lo utilicé como bibliografía para mi TFG. Me ayudó tanto y me pareció de una lectura tan fluida que me pareció un libro muy reseñable. Así que nada, os dejo la reseña y al final un enlace al resto de la revista.

Foto del autor, Javier Yuste

Javier Yuste es licenciado en Derecho por la Universidad de Deusto. Su pasión por la Historia naval le llevó a ser colaborador de la Revista General de la Marina, con la que ha publicado varios artículos, así como con otras revistas como Historia Rei Militaris. En 2014 publicó su ensayo Crucero Reina Mercedes, y previamente en 2012 publicó su novela Los últimos años de mi primera guerra. Al ser su campo de estudio la Historia naval, se aventuró a hacer un estudio sobre las relaciones entre Europa y Japón durante la Edad Moderna, lo que tuvo como resultado el presente libro, publicado en 2015.

El tratado comienza con un breve prólogo del novelista Francisco Narla. Se animó a esta tarea debido a que en el momento de la publicación de su novela Ronin: La leyenda del samurái azotado por el viento, no contaba con la bibliografía idónea para realizarla. Esta va a ser una constante a lo largo del tratado: lo que sabemos acerca de las relaciones entre europeos y, en este caso, japoneses, es muy exiguo y da para muchas teorías que, por desgracia, aún no pueden ser demostradas.

La cantidad de mapas que se facilitan en el devenir de las páginas resulta crucial para poder entender los acontecimientos que se van a relatar. En las monografías de Historia, siempre son necesarios mapas con leyendas y notas aclaratorias para que el lector no familiarizado con la materia a tratar no se sienta un extraño. En este caso, tanto los mapas extraídos de otros tratados como los de cosecha propia son muy claros, repletos de indicaciones sobre localizaciones, con los nombres y accidentes geográficos de las zonas más importantes para el tema a tratar y con notas aclaratorias en la parte inferior de las páginas, resolviendo posibles dudas.

El volumen comienza con una novelización del primer encuentro entre el almirante Buchannan y Nakajima Saburosuke. El motivo lo expone el propio Yuste al final de esta introducción: será el final del libro, añadiendo que el objeto de su estudio fueron los tres siglos anteriores de contactos entre Europa y Asia, aunque en este caso se trate de Japón. La fascinación por China, Corea y Japón venía desde antes de tiempos de Marco Polo, aunque será él el que nos introduzca la “tierra mítica” de Catay(China).[1] A lo largo de esta monografía veremos los primeros contactos españoles y portugueses, la instalación de una de las mayores rutas comerciales de la Historia, el Galeón de Manila; y veremos los contactos con holandeses, franceses e ingleses.

Es muy buena la manera de sintetizar de manera breve pero clara la Historia de la navegación española y portuguesa a finales del S.XV, así como sus razones: Bizancio había caído a manos de los Otomanos, y la Ruta de la Seda había sido interrumpida sin solución. La única alternativa era lanzarse al mar, y ahí Portugal tomó la iniciativa. Tomé Pirés fue el primer europeo en llegar al Sudeste asiático tras el descubrimiento del Cabo de Nueva Esperanza por Vasco da Gama en 1488. Como bien señala Yuste, los españoles no se quedaron de brazos cruzados y, tras el descubrimiento de América, se lanzaron a la conquista del “Mar del Sur”[2], llegando hasta Filipinas a mediados del S.XVI. Poco después se descubriría la ruta del Tornaviaje, que permitiría volver desde Asia a América.

El contexto político en Japón resulta muy interesante a la hora de comprender los hechos que acontecerían a continuación. Yuste destaca a tres figuras clave: Oda Nobunaga, el cerebro de la unificación japonesa[3]; Toyotomi Hideyoshi, un militar que se convertiría en el general más importante a la muerte de Nobunaga; y Tokugawa Ieyasu, que finalizaría dicho proceso de unión tras vencer a los partidarios del vástago de Hideyoshi en la batalla de Sekigahara de 1600. Esta puesta en escena coincidiría con la llegada de los primeros jesuitas, lo que haría, según Yuste, que el contraste entre culturas y los malentendidos hiciese que se cerrase las fronteras de Japón a los europeos tras el secuestro del navío San Felipe, la masacre de los veintiséis mártires de Nagasaki y la llegada de Tokugawa Iemitsu, tercer shogun de la Dinastía, a la Corte. El comercio quedaría restringido a la isla artificial de Dejima, al sur de Nagasaki. No obstante, como señala Javier Yuste, los contactos con España y sus colonias de ultramar no se cortaría, y la comunicación, lejos de ser fluida, se mantendría alimentada por diversas embajadas como la de Sebastián Vizcaíno.

No se olvida el autor de las otras potencias europeas, y pronto aparecen en su tratado tanto los holandeses como los ingleses. No en vano, fue el marino William Adams el que intercedió entre el Mikado(la corte imperial) y los comerciantes holandeses para comenzar unos lazos comerciales que se prolongaron durante aproximadamente dos siglos. Tampoco hace oídos sordos a otras potencias emergentes en la Edad Moderna que comienzan a buscar ejercer influencia más allá de sus fronteras. Es el caso de Rusia en el S.XVIII y de EEUU[4] a partir de mediados del S.XIX, a las cuales dedica un capítulo a cada una.

Un punto negativo es el modo de citación. Para el lector inexperto, trasladar las notas al final del libro puede ser un punto a favor ya que hace la lectura más fluida. Pero para el historiador que busca profundizar en la materia, resulta un incordio tener que ir desplazándose hacia adelante y hacia atrás en las páginas para saber qué es lo que se está referenciando. Quizá habría sido interesante haber colocado las notas al final de cada capítulo, para facilitar la búsqueda.

En cuanto a la bibliografía empleada, podemos comprobar que se trata de un estudio muy completo. Esta se encuentra dividida en varios apartados: libros y monografías, artículos periodísticos históricos, artículos en revistas actuales y recursos web. Una webgrafía, dicho sea de paso, extensa y usada principalmente para las fotos e ilustraciones que completan este libro. Nos encontramos en la parte final un Eje Temporal con las fechas clave para comprender la temática que se trata a lo largo de este volumen.

En definitiva, nos encontramos ante 300 páginas de Historia en mayúsculas: de forma amena habla de hechos que para muchos estudiosos de la materia nos resultan novedosos si no nos centramos en el estudio del Asia-Pacífico, y que para el no introducido en la materia puede resultar apasionante por su modo de escritura y por el lenguaje coloquial empleado. Quizá para el experto en la materia resulte un incordio encontrarse las citas en la parte final del tratado, en vez de a pie de página. Pero, por lo general, nos encontramos con un estudio realmente interesante y que recoge, si bien de forma breve, todas las relaciones que los reinos europeos tuvieron con el lejano archipiélago de Cipango entre los siglos XVI y XIX.

[1] En este punto, Javier Yuste es muy escéptico. Actualmente está demostrado casi al 100% que Roma tuvo contactos con China(Siglos I y II entre el Imperio Romano y la Dinastía Han). En cuanto a Marco Polo, si bien no es historiador, Yuste lo trata casi de filibustero por sus exageraciones a la hora de describir lo que vio en sus viajes.

[2] El actual Océano Pacífico

[3] Japón se encontraba dividida en multitud de Daimios, zonas de influencia de terratenientes que tenían sus propias leyes y que se regían al margen del emperador.

[4] El interés de EEUU por la navegación en estas costas en la 1º mitad del S.XIX se debe a que cerca de Japón se encuentran aguas perfectas para la caza de ballena.

Puedes leer el resto del número aquí.

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